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Oscar y su mano santa

Agosto 15, 2008

Nos hemos acostumbrado a ver a los mejores basquetbolistas en la mejor liga del mundo. Es que todo encaja. Es acertado.

Pero no siempre fue así. La NBA se consideraba la mejor liga de baloncesto del mundo mucho antes de nuclear a los mejores jugadores. Es que con el talento de Magic, Bird y Jordan, sobraba.

Con el tiempo comenzaron a dar el salto la NBA muchos de los talentos que habían triunfado en Europa. Petrovic, Sabonis, Kukoc. Hoy la lista se ha vuelto interminable.

La pregunta para los curiosos quedó con los del otro lado, con los que no pisaron canchas estadounidenses. ¿Quién es el mejor jugador que jamás pasó a la NBA?

Un enorme candidato: Oscar Schmidt.

El brasileño la descosió en los ochenta liderando a su selección a semifinales de juegos olímpicos e incluso a derrotar al Estados Unidos de David Robinson y cía en su propia tierra (video).

Fue goleador de JJOO, figura en España y el Pelé del basket para su gente que lo bautizó Mao Santa.

En 1984 fue elegido en el draft por New Jersey Nets (el mismo año que Michael Jordan). Sin embargo, jamás aceptó pagar el coste que significaría jugar en la NBA: no poder representar más a Brasil en los Juegos Olímpicos (dado que perdería la condición de jugador amateur)

Por más, recomiendo a alguien que dice lo mismo pero más y mejor

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El milagro de Córdoba

Agosto 14, 2008
La imagen del mundial.

Una imagen que resume el mundial.

Nunca dan ganas de recordar el mundial de 1978. Jugado en la Argentina de Videla, el mundial disputado hace ya tres décadas comparte más similitudes con los Juegos Olímpicos de Munich disputados a los pies de Hitler que con la fiesta del fútbol que nos brinda la FIFA cada cuatro años.

Argentina ganó aquel torneo y el pueblo festejó. Hoy, con treinta años de distancia, el recuerdo de la victoria es más para la estadística que para la sonrisa. Al menos eso dicen, con el diario del lunes, la mayoría de las caras que figuran en los medios, sean jugadores, periodistas o cualquier otro revisionista de turno. Pero la copa no la devuelven…

Los argentinos festejaron entonces y fueron de los pocos que lo hicieron. Los brasileños se sintieron robados. Los peruanos recibieron con agresiones e insultos a sus “vende patria”. Holanda lamentó qué podría haber sido si Cryuff no fuera el tipo que fue (alguien con sus ideales claros, Johann se negó a jugar un mundial organizado por una dictadura)

Pero hubo otro país que festejó en aquél julio: Austria.

La selección austríaca tiene una historia rica en el fútbol, muy superior a lo que su tristísimo presente demuestra (¿les hace acordar a alguien más?)

Durante la década del ‘30 poseían el equipo más fuerte de Europa y fueron favoritos al título del mundial de 1934, ganado por Italia. Luego todo se vino abajo de la mano del amigo Hitler y su Anschluss.

Fuera de ese episodio tristísimo, que marcó el fin del Wunderteam, Austria debió esperar varias décadas antes de poder doblegar a su vecino en una cancha de juego. Seguramente no existe “clásico” más desbalanceado que el de Austria y Alemania, dominado eternamente por los combinados germanos.

La revancha llegó en el mundial de Videla y la situación no pudo haberle importado menos a los austriácos.

Liderados por el goleador Hans Krankl, luego comprado por el Barcelona, Austria jugó un partido vibrante ante la Alemania campeona del mundo. Los tres goles de Krankl, así como el grito inolvidable del relator austriáco Edi Finger (“I werd narrisch!/estoy enloqueciendo”) quedaron grabados en el mejor recuerdo del fútbol austriáco.

Luego todo se arruinaría con el pacto de no-agresión de 1982. Pero eso, por suerte, es otra historia.

Alguien, un austriáco claro, escribió un libro sobre el partido titulado ”El milagro de Córdoba” . Si lo encuentran en algún lado, avisen.